desfilan,
demoníacas,
las respuestas que no se deben dar...
Freddy López: aristócrata nacido en Mérida, Venezuela (setiembre, 1983, muerto en __ de __ -no se sabe todavía). Fue director de __ y __. Recibió el premio nacional de __. A los __ conoció a __ y llegó a ser una inspiración directa en su vida (otra más, se decía). Al cabo de __ años se casó. De este matrimonio no tuvo hijos (y de ninguno). Al lustro se divorció de esta mujer y López cayó en una severa depresión (otra más, se decía). (Biografía previa a Lisbeth Mora).


Para mí la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política?

(draft)
El hombre viejo está en medio de un salón del segundo grado y el severo profesor le pregunta a viva y pública voz el resultado de 3x3 y el hombre responde, y dice algún número que no recuerda, y yerra en su respuesta. Los demás niños se ríen y le corrigen a gritos:
-¡Es nueve!¡Es nueve!
Y se ríen. No dejan de reír. El hombre se siente apenado y siente que va a llorar y se cobija en el cálido seno de su madre y sus lágrimas desaparecen, lentamente, y su padre aparece en la noche, cansado, y el hombre se alegra, y lo acompaña a cenar, en familia, y se contenta al oír el relato de su largo día de trabajo y se pregunta por qué hay secretarias que hablan tonterías de su familia, por qué hay gente mentirosa; y su madre luego le ofrece cena, como a su padre, pero su madre no es su madre, sino su hija menor, adulta ya, y su hija no deja de hablar ¿por qué no deja de hablar un momento?¿por qué lo interrumpe y no lo deja recibir la comida de su madre?¿por qué si no tiene hambre?¿Por qué la gente no entenderá que ni siquiera él mismo sabe qué cosas son reales y qué cosas son fantasías y recuerdos entremezclados?
-Yo no quiero tu comida.
Resueltamente había admitido, sin tristeza ya, que su vida carecía de matices llamativos.
Llegaseis vosotros, padres, dadores de mi vida, maestros de mí, de vuestros diarios paseos vespertinos, de la tarde de vuestra vida, cargados de grandes bolsas misteriosas, sonriendo, buscándonos con los ojos, verificando que no nos sucedió nada en vuestra breve ausencia, padres, que os deis cuenta que estamos bien, que tenemos salud por vuestra permanente supervisión.
Llegaseis comentando, entre risas, el nuevo peinado de la cajera del supermercado de los árabes, mientras nosotros nos colgamos de vuestras piernas y os preguntamos:
-¡¿Qué nos habéis traído?!
impetuosos, entre casi gritos, y nos respondieseis, como siempre, que no hay dinero en este mes.
Llegaseis y preguntaseis por Enrique, que en nuestros recuerdos siempre está dibujando vialidades imposibles en el suelo del hogar, con la blanca tiza sustraída de la escuela, absorto de vuestro diario paseo y de la palpable realidad, y nosotros respondiésemos que está bien, jugando.
Llegaseis y acomodaseis en la nevera todas las cosas que hubisteis comprado ("la gelatina amarilla no nos gusta") y nos sorprendieseis, de pronto, descubriendo del fondo de la última bolsa, un discreto y reluciente juguete para cada uno de nosotros.
-¡Enrique, ven, un regalo!
Llegaseis, padres, padres queridos, llegaseis y todo se mantuviese así.

a Lisbeth Mora
Lex III: Actioni contrariam semper et æqualem esse reactionem: sive corporum duorum actiones in se mutuo semper esse æquales et in partes contrarias dirigi
Newton.
esta es la historia de los astros
el astro minúsculo
-aquel no mayor a cuantos kilómetros o tantos kilómetros cuadrados-
orbita a otro astro, mayor,
con la timidez y admiración que siente el joven estudiante
-el de los primeros años,
el que aún oculta sus ignotos tesoros-
por la encendida estudiante, morena, rubia a veces, del año último, que ya no piensa en sí misma
cree que decide
dar largos e irregulares ciclos incomprensibles
para no ser visto o para no quedar expuesto ante otro que parece regir
y cree, algunas veces cree,
que sus recorridos evitan que su superficie sea iluminada por la luz del mayor
-por una luz que es para él-
pero el astro que cree que rige
no ignora los periplos pululantes, necesarios y audaces, que hace el pequeño
-porque en su duración ha visto más audacia en los pequeños-
y no hace nada
talvez sospecha
que la inconstancia no sirve de nada
o se engaña y se dice que no le interesa derramar su luz ígnea sobre un astrito opaco
o solo disimula sus ganas de fundición
de consumirse y ser consumido
pero la dimensión de los astros es banal
todos son necesarios en esta rueda antigua
y aunque solo se ven los recorridos absurdos que, ilusoriamente, alejan los cuerpos,
siempre se atraen
y se repelen
el uno al otro
esta es la historia de nuestras vidas
(versión 0.1)
como el definido color
que no se amalgama en el cuadro,
-objeto y visión última del artista-
como el fruto que, sorprendido por la ventisca azarosa, lluvia prematura, alto calor aparecido,
termina incompleto
desarrollo equivocado
como el alumno indiferente que es confundido y diluido en la memoria de sus maestros
olvidado entre los que suponía amigos
-aquel que nadie logra atinar su nombre-
ideas desechadas
poema olvidado
como el detenido forastero que estudia ante un cruce ramificado en caminos
el camino a escoger
como recordar lo infeliz del extravío
recordar las luces pequeñas
grandes oscuridades punteadas
como consumirse
como
elevarse al cielo en un espiral de humo y desvanecerse, libre, de una vez por todas

A Lisbeth Mora...
--Decidle al súbdito que haga su entrada...
--Su Alteza, le confío
un imperioso deseo que me acecha:
El aburrimiento, junto al hastío,
tienen montada, en mí, notable fiesta, y
por tanto, solicito:
saber si no estará Ud. requiriendo
a un constante individuo
para hacer diligencias
en otros pueblos, lejos de este sitio,
o alguien que quiera escudriñar la fuente
de inspiración de los poetas místicos,
o que haga malabares con pinitos
en medio de la calle y
que sea admirado por grandes y chicos
quiero saber si Ud. no necesita
un súbdito más íntimo
alguien que le convoque la alegría
cuando esta se haya ido
o que se entretenga haciendo monadas
para creer que está vivo
¿no querrá, en fin, mi Reina y Soberana
la pueril distracción de mis servicios?